Billy el Niño: el torturador condecorado

Jueves 13 de Septiembre, 2018
Hace pocas semanas el Congreso de los diputados lo debatió y no le retiró la medalla que le fue concedida en 1977. Su apodo está lleno de polémica y es que Billy el Niño fue el ejecutor de las órdenes de un régimen que se agotaba. Bruno Cardeñosa.

Las únicas imágenes que tenemos de él son con casco. No quiere que se le vea su cara aunque algunos fotógrafos de periódicos muy conocidos han logrado inmortalizarlo. Sigue yendo con chófer, pero cuando sale lo hace especialmente para correr. Y no poco, sino que ha corrido maratones enteras como la de Nueva York o la de Madrid.

Todo esto estaría bien de no ser porque representa un testimonio vivo de una época pasada, ya que fue en los años 60 y 70 del siglo XX el número 2 de la Brigada Político Social, que pertenecía a la Dirección de Seguridad Nacional. Era algo así como la agencia de régimen que se encargaba de velar por la inexistencia de protestas y opositores a la dictadura. Parece mentira, pero todavía hay gente de esa época que sigue viva.

Él es uno de ellos, pero para mantener su boca callada tiene todos los lujos que pide y un trato de favor de primer orden desde que en la época de la Transición se hizo borrón sobre todas las sombras del pasado. Ha vuelto a estar de actualidad porque en el Congreso de los Diputados se ha pedido que se le retire la Medalla de Plata con la que fue condecorado en 1977.

Finalmente, ese “galardón” no se le ha retirado, lo que fue aliciente para que algunos nos pusiéramos a rascar en el pasado. El productor del programa de radio La rosa de los vientos de Onda Cero, Javier Sevillano, localizó el B.O.E. (Boletín Oficial del Estado) de esos años su reconocimiento.

La “orden” está firmada por el ministro de la época, Rodolfo Martín Villa. En ese mismo día, Javier me enseñó que existieron otras condecoraciones que no han llegado al Congreso de los Diputados   y sobre las que se ha pasado de puntillas, como la Medalla de Oro que le fue concedida a su jefe ese mismo día, Roberto Conesa, que a comienzos de los años 40 mantuvo reuniones con Himmler, el número 2 del nazismo, que se convirtió en algo así como su maestro. Billy era el alumno más aventajado…

POR SU APODO LE CONOCERÉIS
Vamos con el nombre de nuestro protagonista: “Billy el Niño”. Bueno, no es el nombre, sino el apodo, pero ese sobrenombre le gustaba pasearlo cuando torturaba de forma brutal a los presos que recalaban en la Brigada Político Social.

Algunas fuentes dicen que su apodo viene de que cuando era un niño alguien se lo dijo, aunque también se dice que se lo puso alguien cuando calificó sus técnicas de interrogatorio como del lejano oeste, sin reglas ni normas. No importa. Lo realmente relevante es que él y su jefe eran los encargados de ejecutar la orden de sus superiores para reprimir, pero la práctica de la tortura era sistemática en ese lugar siniestro. Se intentó borrar ese pasado tan negro en la Transición.

La brigada se encontraba en la Plaza de Sol en Madrid y hoy se ha decidido que ahí esté la sede de la Comunidad de Madrid, pero por sus pasillos y estancias todavía se oyen los gritos de dolor de presos y torturados. Aquí no iban los que hubieran cometido delito alguno, sino los que pensaban diferente a lo que se imponía desde El Pardo.

No se trataba de un tipo que actuaba sólo, sino que alguien ahí arriba descubrió que ese personaje sin escrúpulos –Billy el Niño- era el adecuado para ser empleado como la bala de una escopeta. Él no ponía la escopeta pero era la bala. Y mortífera. Si estabas en contra del régimen, entonces tenías que enfrentarte a él. Y eso era lo peor que le podía pasar a alguien…

NUEVE DÍAS DE TORTURA
Seguramente, lo que cuenta una víctima es la mejor forma de explicarlo. Se llama Lidia Falcón, y actualmente es una de las personas que con más fuerza y presencia defiende los derechos de las mujeres. Es la fundadora y presidenta del Partido Feminista. Su activismo ha estado presente toda su vida, una vida muy complicada desde sus inicios. Fue considerada una de las responsables del atentado contra la cafetería Rolando, muy cerca de la Puerta del Sol.

Ese trágico suceso ocurrió el 13 de septiembre de 1974. Como consecuencia del atentado murieron 13 personas. La tragedia ha sido atribuida a ETA y forma parte de la lista de atrocidades cometidas por la banda terrorista, pero lo cierto es que nunca nadie ha sido condenado por esta salvajada que forma parte de los atentados sin explicar –hay unos cuantos– de la banda terrorista.

Sin embargo, la imagen de Lidia Falcón apareció en la prensa como la de una de las responsables del crimen. Poco después, fue detenida. Ella había contactado con personas que eran amigos de amigos de personas que también habían sido asociadas al atentado, pero jamás había tenido, ni de lejos, relación alguna con los hechos. Pese a ello fue detenida tres días después del atentado mientras se encontraba en su despacho. La Brigada Político Social ejecutó la detención.

Su hija también fue encarcelada por ello. Llegaron juntas a la “prisión” de la Puerta del Sol desde Barcelona. Después las separaron. Lógicamente, Lidia preguntó por su hija. Y le dijeron: “Está en otra celda… quizá se eche novio”. La respuesta tenía una maldad inclasificable. Sólo alguien muy malo podía querer ver sufrir así a una madre… Poco después de llegar un médico visitó a Lidia.

Ni sabemos quién era ni nada de él, salvo que le dijo que había tenido meses antes hepatitis, cuando el de la bata blanca le preguntó por enfermedades recientes. Ella no se daba cuenta de que al confesarle eso, lo que estaba haciendo era darle información sobre la que era una de sus debilidades.

Durante los días que vinieron después, los golpes y los puñetazos en el hígado fueron una constante. Fue una auténtica pesadilla: nueve jornadas que jamás olvidará. Día sí y día también le daban palizas brutales.

Golpes, bofetadas, patadas, puñetazos… Los interrogatorios eran por la cara –le preguntaban por el atentado– y por la espalda –mientras respondía, una persona le daba golpes brutales en la nuca. “No te pases mucho con ella, no se te vaya ir la mano como te pasó con Ruano”, dijo uno de los agentes al otro. Se lo decía un uniformado a otra persona que llevaba la iniciativa en todas aquellas palizas. Ese hombre era Antonio González Pacheco, más conocido como “Billy el Niño”, nuestro protagonista. Respondió: “Es igual, si pasa algo decimos como la otra vez: se ha tirado por la ventana”.

Se refería a Enrique Ruano, un estudiante que había fallecido en 1969 tras ser detenido por la Brigada Político Social. Estuvo tres días en la Plaza de Sol hasta que su cuerpo salió volando por una ventana. Se dijo oficialmente que se había tirado y que era un suicidio. En ese momento estaba siendo interrogado por Billy el Niño. ¿Casualidad?

Lidia recibió tantos golpes que a veces se desmayaba y quedaba tendida y ensangrentada en el suelo. Le despertaban vertiendo agua fría sobre su cabeza. Cuando abría los ojos volvían a pegarle con saña. Al frente de las paliza siempre estaba ese mismo personaje: Billy el Niño. En una ocasión, tras azotarla en el vientre, le preguntó: “¿Has sido madre alguna vez?” Ella le dijo que sí, que tenía cinco hijos. Y él dijo: “Ahora ya no parirás más, puta”.

TORTURAS EN MASA
Ella no fue la única víctima. Hay otros testimonios desgarradores. Estaba en todas. Era el perro que iba a cada cosa, parecía que incluso se prestaba para ello, el azote del régimen, el hombre que mordía porque le gustaba morder: “De pronto escuchamos unos frenazos producidos por dos SEAT 124 negros, coche que usaba la Brigada Político Social, uno delante y otro detrás, de los que salieron varios policías de paisano. Del asiento del copiloto del primero salió con rapidez, casi tirándose en marcha, un personaje menudo que se abalanzó sobre nosotros. Era Billy el Niño… Me condujeron a la Plaza del Sol. Me sometieron a tortura”.

Lidia Falcón ha estado durante décadas en silencio. Lo ocurrido le traumatizó tanto que prefiere no recordarlo. Aquellos fueron los peores momentos que ha vivido en su vida, pero una jueza le llamó a declarar. Se trataba de María Servini.

Del lado de las víctimas ha estado siempre el letrado Jacinto Lara, con quien pude hablar: “Los testimonios son aterradores. Se trata de graves violaciones de los derechos humanos y él era un personaje destacado en esa labor. A los detenidos se les daban todo tipo de golpes, de puñetazos, no se les dejaba dormir ni descansar, se les apagaban cigarrillos en la piel…

Les hacían todo tipo de atrocidades.” Jacinto me confiesa que ha escuchado todo tipo de testimonios, a cual más terrible. Tras el proceso judicial, Servini no tuvo duda. El problema es que es de Argentina, y todo pasaba por dirigir una orden de extradición a la Audiencia Nacional. Y así lo hizo, y en su auto judicial pedía la extradición de cuatro personas, entre las que se encontraba “Billy el Niño”.

LA RESPUESTA JUDICIAL DE ESPAÑA
También se pedía la extradición de Antonio Troncoso de Castro, a quien también pude localizar. Fue uno de los encargados por parte del gobierno de relatar el Proceso de Burgos. Sentenció a muerte a los condenados, aunque el gobierno –me comentó Troncoso que el consejo de ministros intentó chantajearlo– conmutó posteriormente la pena de muerte, que ya estaba generando muchas protestas ciudadanas y un estado de opinión internacional muy contrario al gobierno español. El tardofranquismo estaba en sus últimas horas.

“Mire, yo creo que hay una norma: a estas alturas no se puede revisar lo que hizo una persona, es una villanía y una falsificación de la historia. No sé qué méritos tendría, pero cuando le dieron esa medalla tendrían razones para ello”.

Lo cierto es que Pacheco tuvo una labor importante en la lucha contra el GRAPO: “Vuelvo a insistirle: no conozco el expediente de este señor”. Tampoco lo conocía el ministro Martín Villa, al que le pusieron los micrófonos los compañeros de La Sexta Columna y se negó a responder.

Mientras tanto, la Audiencia Nacional ha dicho que los delitos por tortura están prescritos y que no había un mandato general y sistemático como para considerarlo delito de “lesa humanidad”. Eso sí, mientras tanto la Audiencia Nacional ha retirado el pasaporte de “Billy el Niño”. Ya no podrá ir a Nueva York a correr la maratón.

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